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viernes, 22 de junio de 2018

“MI DIOS FUE MI FUERZA”



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                                                                                  “MI DIOS FUE MI FUERZA”


GUÍA DE ORACIÓN

GUÍA: Mi Dios, mi fuerza salvadora. La oración de  hoy nos presenta las palabras de Isaías. Podemos hacerlas nuestras para introducir la oración de esta semana. En este momento nos dirigimos a Dios Padre, nos sentimos amados y enviados al lugar en que estamos, para ser sus mensajeros. La vida nos descubre el don de Dios, sus deseos para nosotros y su compañía de salvación para hacer el bien y transmitirlo a otros. Nos sentimos confiados y comprometidos en tan hermosa tarea. SILENCIO DE DESCUBRIMIENTO, DE CONFIANZA Y DECISIÓN

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

GUIA:
Juan puede ser identificado con las palabras de Isaías. Eres mi siervo, estoy orgulloso de ti. También cada ser humano puede sentirse amado y elegido por el Padre Dios. Sentimos su amor, su elección y su envío a la tarea que tenemos por delante. Confiamos en su palabra y su presencia, su fuerza salvadora. SILENCIO DE CONFIANZA, DE PRESENCIA,  DE FUERZA SALVADORA.   

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):


En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

GUÍA: “David…hombre conforme a mi corazón” También Juan lo fue para Jesús. Admiramos a estos personajes, ¿Vemos alguno de sus dones presente en nosotros?. Con aquellos dones o con otros, pero Dios nos ha ideado, soñado como hijos fieles. Se nos ha dado el mensaje de salvación en Jesús. Es nuestro tiempo de vivirlo, aceptarlo y ponerlo en práctica. Envueltos en su mensaje confiamos, pedimos fidelidad. SILENCIO DE CONFIANZA, FE,  EVITAMOS TODA EVASIÓN EN EL BIEN

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.


GUÍA: La mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba. Es bonito ir viendo crecer a un bebé. También lo será para Dios: ir viendo crecer a una persona  y que su poder esté con ella. Agradecemos su crecimiento en cada uno de los hombres y mujeres de nuestro mundo, también en nosotros. La mano del Señor está con nosotros. Confiamos en Él. SILENCIO DE GRACIAS, DE ENTREGA, DEL SÍ

RECOGEMOS NUESTRA ORACIÓN ¿QUÉ FRASE QUIERES RECORDAR?

AGRADECEMOS, PEDIMOS, OFRECEMOS

INVOCAMOS A MARÍA, MADRE Y MAESTRA DE CAMINO

NOS DIRIGIMOS AL PADRE CON JESÚS: PADRE NUESTRO…

CANTAMOS

POR TI, MI DIOS, CANTANDO VOY,
LA ALEGRÍA DE SER TU TESTIGO, SEÑOR.

1. Me mandas que cante/con toda mi voz,
no sé cómo cantar/tu mensaje de amor;
los hombres me preguntan/cuál es mi misión,
les digo: testigo soy.

2. Es fuego tu palabra/que mi boca quemó,
mis labios ya son llamas/y ceniza mi voz,
da miedo proclamarla,/pero tú me dices:
no temas, contigo estoy.

3. Tu palabra es una carga/que mi espalda dobló,
es brasa tu mensaje/que mi lengua secó.
Déjate quemar,si quieres alumbrar,
no temas, contigo estoy.