sábado, 2 de mayo de 2026

ACLAMAD, JUSTOS, AL SEÑOR

 

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ACLAMAD, JUSTOS, AL SEÑOR

ORACIÓN 03-05-26,  V Domingo de Pascua

 

GUÍA:  Es el quinto domingo después de Pascua. La Resurrección de Jesús está tocándonos en el corazón con su energía y va influyendo en nuestros sentimientos, fe, y acción. La oración de hoy nos enseña más sobre Jesús y su acción. Aclamamos al Señor alegrándonos con él y contemplando su presencia en nosotros y en la vida. SILENCIO DE ADMIRACIÓN, DE ACOGIDA, DE ACCIÓN. 

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,1-7):

 

EN aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:

«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

GUÍA:  Los Hechos de los Apóstoles nos van presentando a la primera comunidad de creyentes. La forma de vida, los problemas y cómo van resolviéndolos. Fíjate en tres acciones de ella que expresan matices diversos.  En la comunidad a que perteneces, ¿Qué detalles observas tú.? Jesús, que seamos discípulos colaboradores y positivos. SILENCIO DE REFLEXIÓN, DE APOYO, DE COMPROMISO. 

 

SALMO

Sal 32,1-2.4-5.18-19

 

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

 

Aclamad, justos, al Señor,

que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,

tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

 

La palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra. R/.

 

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre. R/. R/.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (2,4-9):

 

QUERIDOS hermanos:

Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.

Por eso se dice en la Escritura:

«Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa;

quien cree en ella no queda defraudado».

Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.

Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

 

GUÍA:  Acercándoos al Señor, participáis con él en la construcción de la casa espiritual cuyo cimiento es Cristo. Por la fe estamos con él y construimos con él. Visualizamos estos momentos, sentimos su presencia y nos unimos a su adhesión al Padre. Son vivos y fortalecen nuestro vivir para Dios. SILENCIO DE CONOCIMIENTO, DE COMPRENSIÓN, DE PARTICIPACIÓN.

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-12):

 

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

 

GUÍA: No se turbe vuestro corazón. Creed en el Padre y creed también en mi…El Padre permanece en mí y hace las obras. Jesús quiere que estemos en paz interiormente. El Padre permanece en Jesús. El que cree en mi hará las obras que yo hago. Recogemos en nuestro interior estas palabras y dejamos que hagan su fuerza en cada uno. Se lo pedimos al Espíritu Santo. SILENCIO DE COMPRENSIÓN, DE INTERIORIZACIÓN, DE ESPERANZA.

 

RECOGEMOS NUESTROS SENTIMIENTOS, LOS OFRECEMOS AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU.

 

INVOCAMOS  A MARÍA. HABLAMOS CON ELLA DE NUESTRA SED.

 

NOS DIRIGIMOS AL PADRE CON LA ORACIÓN DE JESÚS. PADRE NUESTRO…

 

CANTAMOS:

 

Creo en Jesús, creo en Jesús

Él es mi amigo, es mi alegría,

Él es mi amor.

 

Creo en Jesús, creo en Jesús,

Él es mi Salvador.

Él llamó a mi puerta,

me invitó a compartir su heredad.

Seguiré a su lado,

llevaré su mensaje de paz.

 Estribillo

Creo en Jesús, creo en Jesús

 

Creo en Jesús, creo en Jesús,

Él es mi Salvador.

Ayudó al enfermo y le trajo la felicidad.

Defendió al humilde,

combatió la mentira y el mal.

 

Creo en Jesús, creo en Jesús


Creo en Jesús, creo en Jesús,

Él es mi Salvador.

Día y noche (Creo en Jesús).

El está a mi lado (Creo en Jesús).

Sigo sus palabras (Creo en Jesús).

Doy por Él la vida (Creo en Jesús).

Es mi salvador.

 

Creo en Jesús, creo en Jesús


 Enseñó a Zaqueo a repartir su riqueza y su pan.

Alabó a la viuda porque dio cuanto pudo ella dar.

 

Creo en Jesús, creo en Jesús

 

Aleluya (Creo en Jesús).

Él es el mesías (Creo en Jesús).

Él es mi esperanza (Creo en Jesús).

Vive para siempre (Creo en Jesús).

Es mi salvador.

 

Creo en Jesús, creo en Jesús

Él es mi amigo, es mi alegría,

Él es mi amor. 


https://youtu.be/gAh2-7GXXoM

viernes, 1 de mayo de 2026

ORACIÓN DEL PAPA PIO XII, A SAN JOSÉ OBRERO



 

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        Oración a San José por el Papa Pío XII

 

“Glorioso patriarca San José, artesano justo y humilde de Nazaret, tú nos has dado a todos los cristianos, y especialmente a nosotros, un ejemplo de vida perfecta a través del trabajo diligente y la admirable unión con Jesús y María.

 

Ayúdanos en nuestro trabajo diario para que nosotros, artesanos católicos, podamos también ver en él un medio eficaz de glorificar a Dios, de santificarnos a nosotros mismos y de ser miembros útiles en la sociedad en que vivimos. Estos deberían ser los ideales más altos para todas nuestras acciones.

 

 Amadísimo Protector, obténnos del Señor humildad y sencillez de corazón, amor por nuestro trabajo y trato amable con nuestros compañeros trabajadores; conformidad con la voluntad de Dios en las pruebas inevitables de esta vida, así como espíritu dispuesto a sobrellevarlas con alegría; reconocimiento de nuestra misión social específica y sentido de responsabilidad; espíritu y disciplina de oración; docilidad y respeto a superiores; espíritu de igualdad para con nuestros pares; caridad e indulgencia con nuestros dependientes.

 

Acompáñanos en los momentos de prosperidad cuando se nos da oportunidad para un genuino disfrute de los frutos de nuestro trabajo; sosténnos en nuestras horas de tristeza, cuando el cielo parece cerrado a nuestro sentir, y aún las propias herramientas con que nuestras manos trabajan parecen rebelarse contra nosotros.

 

Concede que, imitándote a ti, podamos mantener nuestros ojos mirando a nuestra madre, María, tu amadísima esposa, quien mientras hilaba silenciosamente en un rincón de tu taller dejaba una dulcísima sonrisa dibujarse en sus labios. Y también, que nunca apartemos nuestros ojos de Jesús, quien estaba laboriosamente ocupado contigo en el banco de carpintero, para que al igual que ustedes podamos llevar en la tierra una vida santa y apacible, un preludio de la vida de felicidad eterna que nos espera en el cielo para toda la eternidad. Amén.”

REFLEXIÓN, ORACIÓN, ACCIÓN. Conectamos con el Padre Dios, San José y nuestro mundo.