REZA Y
COMPARTE
LOS
HUMILDES DE LA TIERRA
GUÍA DE
ORACIÓN, IV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A
GUÍA: Preparamos la oración de hoy. Una
mirada a los humildes de la tierra desde Sofonías, San Pablo y San Mateo.
Hacemos silencio en nuestro interior y sentimos esa ráfaga de viento del
Espíritu de Dios, que atraviesa a la
humanidad de todos los siglos. Gracias, Padre Dios por tu presencia en cada
persona con tu Espíritu de amor. SILENCIO DE VISIÓN, DE CONTEMPLACIÓN, DE
GRACIAS.
Lectura
de la profecía de Sofonías (2,3;3,12-13):
BUSCAD al
Señor los humildes de la tierra,
los que
practican su derecho,
buscad la
justicia, buscad la humildad,
quizá podáis
resguardaros
el día de la
ira del Señor.
Dejaré en ti
un resto,
un pueblo
humilde y pobre
que buscará
refugio en el nombre del Señor.
El resto de
Israel no hará más el mal,
no mentirá
ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y
descansarán,
y no habrá
quien los inquiete.
GUÍA: Seguimos sintiendo ese viento de
humildad en la humanidad y en nosotros. Sofonías invita a todos a buscar al
Señor, desde la justicia y el derecho, desde la humildad. El resto de Isael servirá al Señor, no habrá
engaño en su boca. Hacemos ese camino y como resto de Israel, confiamos en el
Señor. SILENCIO DE PAZ, DE ACOGIDA, DE SERVICIALIDAD.
SALMO
Sal
145,7.8-9a.9bc-10
R/. Dichosos
los pobres en el espíritu,
porque de
ellos es el reino de los cielos
El Señor
mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace
justicia a los oprimidos,
da pan a los
hambrientos.
El Señor
liberta a los cautivos. R/.
El Señor
abre los ojos al ciego,
el Señor
endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama
a los justos.
El Señor
guarda a los peregrinos. R/.
Sustenta al
huérfano y a la viuda
y trastorna
el camino de los malvados.
El Señor
reina eternamente,
tu Dios,
Sion, de edad en edad. R/.
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,26-31):
FIJAOS en
vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni
muchos poderosos, ni muchos
aristócratas;
sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y
lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.
Aún más, ha
escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para
anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del
Señor.
A él se debe
que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros
sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
Y así —como
está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
GUÍA: Pablo nos presenta la fuerza de Dios
en lo débil, en lo que no cuenta. Contemplamos ese actuar de Dios en el mundo,
en la humanidad, en nosotros mismos. El que se gloríe que se gloríe en el
Señor. Te reconocemos como nuestro Señor, Padre del cielo, fuerza de los caídos
y alegría de los tristes. Confiamos en ti y tu misericordia. SILENCIO DE
ADMIRACIÓN, DE RECONOCIMIENTO, DE DECISIÓN.
Lectura
del santo evangelio según san Mateo (5,1-12a):
EN aquel
tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus
discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados
los pobres en el espíritu,
porque de
ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados
los mansos,
porque ellos
heredarán la tierra.
Bienaventurados
los que lloran,
porque ellos
serán consolados.
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados
los misericordiosos,
porque ellos
alcanzarán misericordia.
Bienaventurados
los limpios de corazón,
porque ellos
verán a Dios.
Bienaventurados
los que trabajan por la paz,
porque ellos
serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados
los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos.

Bienaventurados
vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por
mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el
cielo».
GUÍA: Y
seguimos tu camino, estás ahí a nuestro lado, en el momento oportuno. Las
bienaventuranzas nos enseñan el camino y muestran dónde te manifiestas cada
día, en la vida sencilla de todos los días.
Te damos gracias por tu presencia en nuestra vida y en la vida de tanta
gente de buena voluntad. Libéranos de lo opresión, del mal, quédate con
nosotros y danos tu reino de paz, justicia y amor. SILENCIO DE CONTEMPLACIÓN,
DE ESPERANZA, DE EXPRESIÓN.
RECOGEMOS
LOS PENSAMIENTOS, LOS SENTIMIENTOS VIVIDOS. LOS OFRECEMOS AL ESPÍRITU PARA QUE
LOS HAGA REALIDAD.
INVOCAMOS
A MARÍA Y LA ACOMPAÑAMOS EN SU CAMINO. HABLAMOS CON ELLA.
NOS
DIRIGIMOS AL PADRE AGRADECIENDO EL REGALO DE SU HIJO Y CON ÉL DECIMOS
PAUSADAMENTE: PADRE NUESTRO…
CANTAMOS:
Seréis
bienaventurados los desprendidos de la tierra.
Seréis
bienaventurados porque tendréis el Cielo.
Seréis
bienaventurados los que tenéis alma sencilla.
Seréis
bienaventurados, vuestra será la tierra.
Seréis
bienaventurados los que lloréis, los que sufrís.
Seréis bienaventurados
porque seréis consolados.
Seréis
bienaventurados los que tenéis hambre de Mí.
Seréis
bienaventurados porque seréis saciados.
Seréis bienaventurados porque tenéis misericordia.
Seréis
bienaventurados porque seréis perdonados.
Seréis
bienaventurados los que tenéis el alma limpia.
Seréis
bienaventurados los que veréis a Dios.
Seréis
bienaventurados los que buscáis siempre la paz.
Seréis
bienaventurados hijos seréis de Dios.
Seréis
bienaventurados los perseguidos por mi causa.
Seréis
bienaventurados porque tendréis mi Reino.























