REZA Y
COMPARTE
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Uno en
Cristo, unidos en la misión
El Papa sigue exponiendo su mensaje.
Unión, armonía, cooperación misionera. Anunciar, vivir y compartir el amor fiel de Dios.
La presencia del Espíritu Santo, las vocaciones misioneras. Seguir a Cristo en
el camino de
la evangelización hasta los confines de la tierra.
La unidad misionera,
obviamente, no
debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con
el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él.
La
evangelización se realiza cuando las comunidades locales colaboran entre sí
y cuando las diferencias culturales, espirituales y litúrgicas se expresan
plena y armoniosamente
en la misma fe. Por lo tanto, animo a las instituciones y realidades
eclesiales a fortalecer el sentido de comunión misionera eclesial y a
desarrollar con creatividad formas concretas de colaboración entre ellas, para y en la
misión.
A propósito,
agradezco a las Obras Misionales Pontificias por su servicio a la cooperación
misionera, que experimenté con gratitud durante mi ministerio en Perú.
Estas Obras —Propagación de la Fe, Infancia Misionera, San Pedro Apóstol y Unión Misional— continúan alimentando y formando la
conciencia misionera de los fieles, desde los más pequeños hasta los más
grandes, y promoviendo una red de oración y caridad que conecta a las
comunidades de todo el mundo…
3. Misión
de amor.
Anunciar, vivir y compartir el amor fiel de Dios
Si la unidad es la
condición de la misión, el amor es su esencia. La Buena Nueva que estamos enviados
a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de
Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo.
La misión de
los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo;
una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor. Tanto es así que el mismo
Señor, en su gran oración al Padre antes de la pasión, después de invocar la
unidad de los discípulos, concluye de este modo: «Para que el amor con que tú me
amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos» (Jn 17,26). Los
apóstoles evangelizaron
impulsados por
el amor de Cristo y por Cristo (cf. 2 Co 5,14). De la misma
manera, a lo
largo de los siglos, multitudes de cristianos, mártires, confesores, misioneros
han dado la
vida para dar a conocer este amor divino al mundo. Así, la misión
evangelizadora de la Iglesia continúa bajo la guía del Espíritu Santo,
Espíritu de amor, hasta el fin de los tiempos.
Por eso, deseo agradecer
especialmente a los misioneros y misioneras ad gentes de hoy;
personas que, como san Francisco Javier, han dejado su tierra, su familia y toda
seguridad para
anunciar el Evangelio, llevando a Cristo y su amor a lugares a menudo
difíciles, pobres, marcados por conflictos o culturalmente lejanos. Siguen entregándose con
alegría a pesar de las adversidades y las limitaciones humanas, porque saben que Cristo
mismo, con su Evangelio, es la mayor riqueza que se puede compartir. Con su perseverancia
muestran que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera. El mundo
sigue necesitando
estos valientes
testigos de Cristo, y las comunidades eclesiales siguen necesitando nuevas
vocaciones misioneras, que debemos tener siempre en el corazón y por las que debemos
rogar continuamente al Padre. Que Él nos conceda el don de jóvenes y adultos
dispuestos a dejarlo todo para seguir a Cristo en el camino de la
evangelización hasta los confines de la tierra.
ACCIÓN:
Reflexión, oración, acción, nos
ayudarán a profundizar el mensaje y a llevarlo a la práctica de alguna forma.
Que el Espíritu Santo nos acompañe.
















