REZA Y COMPARTE - ORACIÓN Y COMUNICACIÓN
TU EXPERIENCIA INTERESA
viernes, 3 de abril de 2026
VIERNES SANTO
sábado, 28 de marzo de 2026
DOMINGO DE RAMOS
REZA Y COMPARTE
DOMINGO
DE RAMOS
GUÍA ORACIÓN 29-03-26 Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
GUÍA: Llegamos a Jerusalén con Jesús.
Vamos en grupo con los discípulos y mucha gente que hace el camino. La alegría
de la llegada se nota y contemplamos el triunfo de Jesús sobre un asno. Nos
unimos a todos y glorificamos a Dios por la llegada y porque se cumplen las
Escrituras. El Hijo de David llega y es aclamado como tal. Nuestra oración es
alegría, aclamación, contemplación. SILENCIO DE UNIÓN, ACLAMACIÓN,
CONTEMPLACIÓN.
Lectura
del libro de Isaías (50,4-7):
Mi Señor me
ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de
aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda
a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el
rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los
ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría
defraudado.
GUÍA: En la primera lectura, Isaías nos
habla del siervo de Yaveh. Nos presenta sus sentimientos y acciones. Una lengua
de niciado para dar palabras de aliento, el oído para escuchar cada mañana, la
espalda y las mejillas que reciben golpes y afrentas. Pero el Señor me ayuda.
Contemplamos el momento y nos sentimos unidos a Jesús que será ese siervo. SILENCIO
DE ADMIRACIÓN, CONTEMPLACIÓN, AMOR.
SALMO
Sal
21,8-9.17-18a.19-20.23-24
R/. Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme, se
burlan de mí,
hacen
visajes, menean la cabeza:
«Acudió al
Señor, que lo ponga a salvo;
que lo
libre, si tanto lo quiere.» R/.
Me acorrala
una jauría de mastines,
me cerca una
banda de malhechores;
me taladran
las manos y los pies,
puedo contar
mis huesos. R/.
Se reparten
mi ropa,
echan a
suertes mi túnica.
Pero tú,
Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía,
ven corriendo a ayudarme. R/.
Contaré tu
fama a mis hermanos,
en medio de
la asamblea te alabaré.
Fieles del
Señor, alabadlo;
linaje de
Jacob, glorificadlo;
temedlo,
linaje de Israel. R/.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):
Cristo, a
pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al
contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por
uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó
sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre
de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda
lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
GUÍA: San
Pablo nos presenta a Jesús que sin hacer alarde de su categoría de Dios, tomó la condición
de esclavo. Se sometió incluso a la
cruz. Dios le levantó sobre todo. Jesucristo es señor para gloria de dios
Padre. Interiorizamos, nos sentimos unidos a él y unimos el dolor del mundo a
su dolor. SILENCIO DE UNIÓN, DE PEDIR PERDÓN, DE AGRADECIMIENTO.
Pasión de
nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26,14–27,66):
C. En aquel
tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y
les propuso:
S. «¿Qué
estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
C. Ellos se
ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión
propicia para entregarlo.
C. El primer
día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. -«¿Dónde
quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él
contestó:
+ «Id a la
ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca;
deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
C. Los
discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al
atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «Os
aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos,
consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Soy yo
acaso, Señor?»
C. Él
respondió:
+ «El que ha
mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se
va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del
hombre!; más le valdría no haber nacido.»
C. Entonces
preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo
acaso, Maestro?»
C. Él
respondió:
+ «Tú lo has
dicho.»
C. Durante
la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo:
+ «Tomad,
comed: esto es mi cuerpo.»
C.. Y,
cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:
+ «Bebed
todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para
el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid,
hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.»
C. Cantaron
el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces
Jesús les dijo:
+ «Esta
noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: «Heriré al pastor, y
se dispersarán las ovejas del rebaño.» Pero cuando resucite, iré antes que
vosotros a Galilea.»
C. Pedro
replicó:
S. «Aunque
todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le
dijo:
+ «Te
aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»
C . Pedro le
replicó:
S. «Aunque
tenga que morir contigo, no te negaré. »
C. Y lo
mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces
Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ «Sentaos
aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y,
llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a
angustiarse. Entonces dijo:
+ «Me muero
de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y,
adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre
mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que
yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Y se
acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No
habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la
tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo
se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre
mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.»
C. Y,
viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados.
Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras.
Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ «Ya podéis
dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser
entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me
entrega.»
C. Todavía
estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un
tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que
yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después
se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve,
Maestro!»
C. Y lo
besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a
qué vienes?»
C. Entonces
se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban
con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado
del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ «Envaina
la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a
mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero
entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.»
C. Entonces
dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis
salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba
en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.»
C. Todo esto
ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento
todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo
llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los
escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo
sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba
aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso
testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar
de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos,
que dijeron:
S. «Éste ha
dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.»»
C. El sumo
sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No
tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero
Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te
conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le
respondió:
+ «Tú lo has
dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está
sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces
el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha
blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
¿Qué decidís?»
C. Y ellos
contestaron:
S. «Es reo
de muerte.»
C. Entonces
le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo:
S. «Haz de
profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»
C. Pedro
estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También
tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo
negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé
qué quieres decir.»
C. Y, al
salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Éste
andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez
negó él con juramento:
S. «No
conozco a ese hombre.»
C. Poco
después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro;
tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces
él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:
S. «No
conozco a ese hombre.»
C. Y en
seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes
de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró
amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces Judas, el traidor,
al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las
treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. «He
pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero
ellos dijeron:
S. «¿A
nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él,
arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos
sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. «No es
lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
C. Y,
después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para
cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de
Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las
treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los
hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había
ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le
preguntó:
S. «¿Eres tú
el rey de los judíos?»
C. Jesús
respondió:
+ «Tú lo
dices.»
C. Y,
mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada.
Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes
cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no
contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la
fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había
entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo
Pilato:
S. «¿A quién
queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»
C. Pues
sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el
tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te
metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.»
C. Pero los
sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto
de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál
de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos
dijeron:
S. «A
Barrabás.»
C. Pilato
les preguntó:
S. «¿Y qué
hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C.
Contestaron todos:
S. «Que lo
crucifiquen.»
C. Pilato
insistió:
S. «Pues,
¿qué mal ha hecho?»
C. Pero
ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Que lo
crucifiquen!»
C. Al ver
Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto,
tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:
S. «Soy
inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el
pueblo entero contestó:
S. «¡Su
sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces
les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y
reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo desnudaron y le pusieron un
manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la
cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la
rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S. «¡Salve,
rey de los judíos!»
C. Luego le
escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada
la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que
llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir:
«La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no
quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a
suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un
letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» Crucificaron
con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban
lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. «Tú que
destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres
Hijo de Dios, baja de la cruz.»
C. Los sumos
sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:
S. «A otros
ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de
la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que
lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
C. Hasta los
bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta
la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde,
Jesús gritó:
+ «Elí, Elí,
lamá sabaktaní.»
C. (Es
decir:
+ «Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
C. Al oírlo,
algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. «A Elías
llama éste.»
C. Uno de
ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y,
sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:
S. «Déjalo,
a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio
otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Todos se
arrodillan, y se hace una pausa
C. Entonces,
el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las
rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían
muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron
en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que
custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron
aterrorizados:
S.
«Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había
allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a
Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la
madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos. Al anochecer, llegó un
hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste
acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo
entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia,
lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra
grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María
se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado
el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los
fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor,
nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: «A los tres
días resucitaré.» Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer
día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: «Ha
resucitado de entre los muertos.» La última impostura sería peor que la
primera.»
C. Pilato
contestó:
S. «Ahí
tenéis la guardia. Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.»
C. Ellos
fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del
sepulcro.
GUÍA: Estamos en la lectura de la Pasión
según San Mateo. La gloria de la entrada a Jerusalén se a pasado y después de
la institución de la Eucaristía Jesús sale para el Huerto de los Olivos. Se
sucede el Prendimiento, el juicio, las burlas, la condena, la muerte. Le
acompañamos en el camino del Calvario y
nos sentimos pecadores arrepentidos de nuestros pecados. SILENCIO DE
COMPASIÓN, PERDÓN, GRACIAS.
RECOGEMOS
NUESTROS SENTIMIENTOS, NUESTRA FE, ARREPENTIMIENTO. PEDIMOS PERDÓN POR NUESTROS
PECADOS Y LOS DE TODO EL MUNDO.
ACOMPAÑAMOS
A MARÍA QUE SUFRE CON JESÚS Y SE UNE A LA REDENCIÓN.
PRESENTAMOS
AL PADRE, EL SACRIFICIO DE JESÚS. AGRADECEMOS EL PERDÓN PARA TODOS.
CANTAMOS
DOLOROSA
TÚ CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE,
TÚ CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE.
1. Dolor de los cuerpos que sufren enfermos,
El hambre de gentes que no tienen pan,
Silencio de aquellos que callan por miedo,
La pena del triste que está en soledad.
2. El drama del hombre que fue marginado,
La farsa de muertos que deben vivir.
3. Dolor
en los hombros sin tregua oprimidos,
Cansancio de brazos en lucha sin fin,
Cerebros lavados a base de “slogans”,
El rictus amargo del pobre infeliz.
4. El llanto de aquellos que suman fracasos,
La cruz del soldado que mata el amor,
Pobreza de muchos sin libro en las manos,
Derechos del hombre truncados en flor
https://www.youtube.com/watch?v=89K3RvJiZ5w
viernes, 20 de marzo de 2026
OS INFUNDIRÉ MI ESPÍRITU
REZA Y
COMPARTE
OS
INFUNDIRÉ MI ESPÍRITU
GUÍA DE
ORACIÓN 22-03-26, V Domingo de Cuaresma
GUÍA: Llegamos al quinto domingo de la
Cuaresma. El próximo es Domingo de Ramos. Recorremos nuestro camino, lo
realizado en esta Cuaresma y lo presentamos al Señor para que lo purifique y
mejore. Hacemos nuestra oración unidos a la Iglesia e intensificando los
compromisos para recuperar lo que haya quedado incompleto. Nos dice : Os
infundiré mi Espíritu. Ayudados por él, con su misericordia nos preparamos para
esta última semana. SILENCIO DE REFLEXIÓN, DE PERDÓN, DE CONSTANCIA.
Lectura
de la profecía de Ezequiel (37,12-14):
Así dice el
Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros
sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra
vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que
soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra
tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.
GUÍA: Yo mismo abriré vuestros sepulcros,
os sacaré… Dios hace su parte de salvación y transforma lo débil para dar su
fortaleza. Sentimos la Palabra realizada
en nosotros y nos encontramos
fortalecidos por él. Pedimos perdón por lo que no hemos conseguido.
Intentamos asegurar los compromisos durante la semana. SILENCIO DE TOMA DE
CONCIENCIA, DE HUMILDAD, DE PETICIÓN.
SALMO
Sal
129,1-2.3-4ab.4c-6.7-8
R/. Del
Señor viene la misericordia,
la redención
copiosa
Desde lo
hondo a ti grito, Señor;
Señor,
escucha mi voz,
estén tus
oídos atentos
a la voz de
mi súplica. R/.
Si llevas
cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti
procede el perdón,
y así
infundes respeto. R/.
Mi alma
espera en el Señor,
espera en su
palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el
centinela la aurora.
Aguarde
Israel al Señor,
como el
centinela la aurora. R/.
Porque del
Señor viene la misericordia,
la redención
copiosa;
y él
redimirá a Israel
de todos sus
delitos. R/.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,8-11):
Los que
viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis
sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en
vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si
Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu
vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de
entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a
Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo
Espíritu que habita en vosotros.
GUÍA: El espíritu de Dios resucitó a
Cristo. Él vive en vosotros. También os resucitará junto con él. Resucitó a Cristo. Vive en vosotros, Os
resucitará. Tres verbos que nos hacen pensar en la resurrección de cristo, en
la nuestra, y en esa presencia de Cristo en nosotros. Porfundicemos cada frase, sintamos su
realización en nosotros. SILENCIO DE ADMIRACIÓN, DE GLORIFICACIÓN, DE
AGRADECIMIENTO.
Lectura
del santo evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45):
En aquel
tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu
amigo está enfermo.»
Jesús, al
oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la
gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús amaba
a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se
quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo
entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»
Cuando Jesús
llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que
llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.
Y dijo Marta
a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún
ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le
dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta
respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le
dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto,
vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le
contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que
tenía que venir al mundo.»
Jesús
sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le
contestaron: «Señor, ven a verlo.»
Jesús se
echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»
Pero algunos
dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido
que muriera éste?»
Jesús,
sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús:
«Quitad la losa.»
Marta, la
hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le
dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces
quitaron la losa.
Jesús,
levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has
escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me
rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Y dicho
esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»
El muerto
salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un
sudario.
Jesús les
dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos
judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús,
creyeron en él.
GUÍA: Jesús va a casa de Marte y María.
Tiene pendiente su petición para el hermano. Cuando llega ya ha muerto Lázaro.
Jesús dice a Lázaro sal fuera y salió. Lo resucitó. Todos se admiraban. Creemos
en Jesús resurrección y vida. Señor, ven con nosotros y aumenta nuestra fe. SILENCIO
DE FE, DE CONFIANZA, DE CONTEMPLACIÓN.
CONTEMPLAMOS
A JESÚS, A LOS QUE ESCUCHAN, NOS UNIMOS
A ELLOS, SENTIMOS LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU EN NOSOTROS Y EN LA VIDA. ORAMOS.
PRESENTAMOS NUESTRO CAMINO AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU.
INVOCAMOS A MARÍA. HABLAMOS CON ELLA.
NOS
DIRIGIMOS AL PADRE CON LA ORACIÓN DE JESÚS. PADRE NUESTRO…
CANTAMOS
Somos un
pueblo que camina
Y juntos
caminando podremos alcanzar
Sin penas ni
tristezas, ciudad eternidad
Somos un
pueblo que camina
Que marcha
por el mundo buscando otra ciudad
Somos
errantes peregrinos
En busca de
un destino, destino de unidad
Siempre
seremos caminantes
Pues sólo
caminando podremos alcanzar
Otra ciudad
que no se acaba
Sin penas ni tristezas, ciudad eternidad
Somos un
pueblo que camina
Y juntos
caminando podremos alcanzar
Otra ciudad
que no se acaba
Sin penas ni
tristezas, ciudad eternidad
Sufren los hombres, mis hermanos
Buscando
entre las piedras la parte de su pan
Sufren los
hombres oprimidos
Los hombres
que no tienen ni paz ni libertad
Sufren los
hombres, mis hermanos
Mas tú
vienes con ellos y en ti alcanzarán
Otra ciudad
que no se acaba
Sin penas ni
tristezas, ciudad eternidad
Somos un
pueblo que camina
Y juntos
caminando podremos alcanzar
Otra ciudad
que no se acaba
Sin penas ni
tristezas, ciudad eternidad
jueves, 19 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: UN CORAZÓN DE PADRE
REZA Y COMPARTE
SAN JOSÉ: UN CORAZÓN DE PADRE
Misión y Legado Histórico
Custodio del Redentor
José asumió la paternidad legal .De
Jesús, protegiéndolo y cuidándolo como un ministro de la salvación.
Protagonista en la sombra
Representa a los protagonistas que
sostienen un mundo en crisis sin aparecer.
Puente entre Testamentos
Como descendiente de David y esposo
de María, en la plaza que une el antiguo y nuevo testamento
Patrono de la Iglesia Católica
Patrono de los trabajadores
Pío XII
Juan Pablo II
Virtudes
de un corazón de Padre
Valentía creativa
Capaz de transformar problemas en
oportunidades, confiando siempre en la Providencia divina ante las
dificultades.
Padre en la acogida
Aceptó a María y su propia historia,
sin condiciones, abrazando incluso las contradicciones de la vida.
Dignidad en el trabajo
Carpintero que enseñó a Jesús el
valor y la alegría de comer el fruto del propio esfuerzo
Te presentamos la trayectoria de la devoción a San José en los últimos tiempos desde Pío IX. Es interesante cómo aparecen los distintos valores según las circunstancias sociales. Reflexiona, ora, y actúa. Le pedimos por la Iglesia, por las familias, por los sacerdotes y seminaristas, por la formación crisitiana en general.
martes, 17 de marzo de 2026
CUARESMA 26, LEÓN XIV , 4
REZA Y COMPARTE
CUARESMA
26, LEÓN XIV , 4
Mensaje
del Papa León XIV para la Cuaresma, 17 Feb 2026
Hemos ido viendo el mensaje del Papa
León XIV para esta Cuaresma. Este fragmento es el último. Recorramos el último
tramo. Ha sido un buen camino para la Cuaresma. Pedimos a Dios que nos
fortalezca para realizarlo.
…
En este
horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo,
sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a
la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente
orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad
sedienta de justicia y reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una
Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más
necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua,
para que disminuyan
las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás.
Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde
el grito de los
que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación,
haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.
Los bendigo de
corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5
de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
LEÓN XIV PP.
ACCIÓN:
¿Una acción para esta semana?
Conversión, cambio. Se desprenden algunas importantes: en la conciencia
personal, relaciones, diálogo, la realidad, orientación de los deseos. Quédate
con una y haz ejercicio. ¡¡Éxito!!












