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viernes, 17 de marzo de 2017

¡DAME DE BEBER!



    GUÍA DE ORACIÓN 19-03-17

GUÍA: Al bajar del Tabor, nos esperaba la vida de cada día. Volvemos a encontrarte en la Palabra de Dios. Tu presencia se hace viva y nos comunica al Dios que nos salva. En el interior, brilla la luz porque Tú estás con nosotros. Jesús, queremos vibrar con tu ritmo, confirmar nuestra fe, avivar la esperanza, fortalecer el amor. SILENCIO DE COMUNICACIÓN Y DE CONFIANZA.

Del libro del Éxodo (17,3-7):

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?» 
Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
Respondió el Señor a Moisés. «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.» 
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»

GUÍA: Hemos escuchado la lectura. El pueblo se queja a Moisés porque no hay agua. Lo hacemos también nosotros, nos quejamos. Nos falta el agua de la fe, el agua de la concordia, el agua del buen hacer. Moisés golpea la roca y corre el agua que sacia la sed del pueblo. Es la señal de Dios. Para nosotros la señal viene por Jesucristo en el agua del Bautismo, en el pan de la Eucaristía, en el encuentro del perdón. ¿Cómo  recibimos estas señales? SILENCIO DE REFLEXIÓN, DE PERDÓN, DE COMPROMISO.

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,1-2.5-8):

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
 
GUÍA: Estamos en paz con Dios, justificados por la fe. Nuestras obras han de ir de acuerdo con la gracia recibida. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, por el Espíritu que se nos ha dado. Lo hemos recibido. Él abre nuestra mente y corazón para derramarlo también nosotros a nuestro alrededor. En silencio, saboreamos y compartimos ese amor. SILENCIO PARA ACOGER Y COMPARTIR.

Del santo evangelio según san Juan (4,5-42):

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. 
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. 
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. 
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» 
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» 
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.» 
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.» 
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.» 
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» 
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.» 
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»


GUÍA: El evangelio nos presenta el  pasaje de la samaritana. Va a buscar agua al pozo de Sicar. Nos identificamos con ella. Escuchamos a Jesús que nos dice: “Dame de beber”. Si conocieras el don de Dios…Su voz descubre toda nuestra verdad. Nos convertimos en sedientos de su agua.  SILENCIO DE RECONOCIMIENTO, DE DESEO DE SU AGUA QUE SALTA HASTA LA VIDA ETERNA.

HACEMOS SÍNTESIS DE NUESTRA ORACIÓN.

OFRECEMOS, PEDIMOS, AGRADECEMOS, NOS COMPROMETEMOS.

INVOCAMOS A MARÍA nuestra madre orante.

PADRE NUESTRO CON JESÚS Y LA HUMANIDAD.

CANTAMOS

tú eres el agua viva (Tu eres el agua viva) 
tú eres el agua pura (tu eres el agua pura) 
inúndame, inúndame y todo se trasformará en mí. 
tú eres el agua viva (Tu eres el agua viva) 
tú eres el agua pura (tu eres el agua pura) 
inúndame, inúndame y todo se trasformará en mí 

Me darás unas entrañas nuevas 
mis rocas ya no harán daño a nadie 
solo acariciarán, 
infúndeme tu espíritu, Señor, y haz que
habite en mí, que quieres ser morada en mi 
y así tenga, sabor a tiiii. 
entonces habitaré  en la tierra, que es mía 
y yo seré tu pueblo y tú serás mi Dios. 

(coro) 
tú eres el agua viva (Tu eres el agua viva) 
tú eres el agua pura (tu eres el agua pura) 
inúndame, inúndame y todo se trasformará en mi 
tú eres el agua viva (Tu eres el agua viva) 
tú eres el agua pura (tu eres el agua pura) 
inúndame, inúndame y todo se trasformará en mi.
(Hna. Glenda)