viernes, 22 de abril de 2016

ORACIÓN 24-04-16




GUÍA: Padre, estamos aquí. Queremos encontrarnos contigo y escuchar tu Palabra. Te reconocemos presente en nosotros, en la naturaleza, en la vida. Jesús  resucitado nos acompaña a lo largo de todo este tiempo de Pascua. Vamos reconociendo su presencia a través de las Lecturas de la Palabra, y en la vida. Haced que sintamos vuestra presencia y nuestra fe se acreciente. Que veamos lo que necesitamos para ser vuestros testigos. SILENCIO DE FE, QUE CRECE Y AMA.

Del libro de los Hechos de los apóstoles (14,21b-27):

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

GUÍA: Pablo y Bernabé realizan su encargo de predicar la Palabra a otros pueblos. Los animan a perseverar en la fe. Reconocen que Dios ha actuado por medio de ellos y se han convertido. En nuestro interior recibimos el encargo de anunciar la Palabra allí donde estamos. Nos reconocemos privilegiados y elegidos por el Padre y por Jesús para algunas acciones. Presentemos nuestros sentimientos ante ellos y con María digamos: No tienen vino. Confiemos, expresemos nuestra fe y hagamos lo que Jesús nos diga. Y agradezcamos disponibles. SILENCIO HUMILDE Y CONFIADO.

Del libro del Apocalipsis (21,1-5a): 

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acamparé entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» 
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

GUÍA: Seguimos ante el Padre  y ante Jesús. Con Juan vemos el cielo nuevo y la tierra nueva, la nueva Jerusalén. Ésta es la morada de Dios con los hombres. Ellos serán mi pueblo. Yo seré su Dios. Somos ese pueblo nuevo y nos sentimos renovados por el Padre. Dejemos que su gracia se extienda a nuestra vida y a la de todos los habitantes del mundo. Él lo hace todo nuevo. Compartamos la novedad de Dios. SILENCIO ACOGEDOR, QUE ADORA.

Del santo evangelio según san Juan (13,31-33a.34-35):

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

GUÍA: En este clima de adoración escuchamos la Palabra de Jesús que se despide de los discípulos en la última cena. Nos deja sus deseos: Un mandamiento nuevo. Que os améis, como Yo os he amado. Le expresamos nuestro amor y le decimos cómo es. Seguramente nos falta mucho para amar como Él ama. ¿Qué podemos hacer? Pidámosle que su Espíritu quede con nosotros y nos dé el amor que necesitamos. SILENCIO ESPERANZADO Y FILIAL

OFRECEMOS la síntesis de nuestra oración. Agradecemos.

PETICIONES que nos unen a los hermanos.

PADRE NUESTRO con los hombres y mujeres del mundo.

INVOCAMOS A MARÍA
Aleluya, Aleluya, Aleluya, 
Aleluya, Aleluya, Aleluya. 

Porque Cristo nuestro hermano, 
ha resucitado, María alégrate (bis). 

Porque Cristo nuestro hermano, 
nos ha redimido, María alégrate (bis). 

Porque Cristo nuestro hermano, 
Nos ha redimido, María alégrate (bis). 


5 comentarios:

  1. Hacemos camino juntos y compartimos algo de lo nuestro. Jesús Resucitado está allí donde se reúnen dos más en su nombre. Hagámosle sitio en nuestra vida.

    ResponderEliminar
  2. "vi un cielo nuevo y una tierra nueva" El escritor del Apocalipsis nos hace caer en la cuenta de que Dios crea un nuevo cielo y una tierra nueva, a partir de Jesús resucitado. Estamos llamados a formar parte de ella. Nuestra fe en Jesús nos hace criaturas nuevas en las que Dios es Padre y transforma el vivir de cada creyente y de todo el universo. Nos acogemos a la nueva vida de Dios en nosotros y a ser testigos de su amor.

    ResponderEliminar
  3. "reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe" Contar lo que Dios hace es una forma de extender el reino de Dios, confiar en él y agradecer.

    ResponderEliminar
  4. «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él". Jesús se siente unido al Padre, glorificado por Él. El Padre también es glorificado por Jesús. Dios glorificado en sí mismo y en la humanidad. Adoremos esta gran celebración.

    ResponderEliminar
  5. "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros" El amor es la carta de presentación del cristiano. Como Yo os he amado. ¿Es ésta nuestra carta de presentación? ¿Amamos como Jesús? Que tu Espíritu derramado en nuestros corazones, los transforme y fortalezca en el amor.

    ResponderEliminar