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viernes, 26 de octubre de 2018

¡GRITAD DE ALEGRÍA!



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¡GRITAD DE ALEGRÍA!

GUÍA DE ORACIÓN 28-10-18  
GUÍA: Padre Dios, aquí estamos. Tu presencia nos cubre y alienta nuestro ser y actuar. Te damos gracias por estar junto a nosotros, por la fuerza que impulsasen nuestro vivir. Nos alegramos por todo lo bueno que hemos hecho y pedimos perdón por nuestros fallos. SILENCIO DE PRESENCIA, AGRADECIMIENTO, PERDÓN.

Del libro de Jeremías (31,7-9):

Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.»


GUÍA: Gritad de alegría por el mejor de los pueblos. El Señor ha salvado al resto de Israel. Los gritos de alegría entusiasman al pueblo y reconocen la obra salvadora del Señor. Los gritos de alegría y el gozo toman la delantera, sacian la sed  de felicidad en lo profundo de nuestro ser. La saboreamos y agradecemos al Señor su acción. SILENCIO DE VICTORIA Y  GLORIA AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU.

De la carta a los Hebreos (5,1-6):

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»

GUÍA: Jesús, Sumo Sacerdote, escogido entre los hombres, presente con el Padre. Te contemplamos elevado para salvarnos. Eres gracia y perdón, regalo del Padre y ofrenda de sacrificio. Limpia nuestro pecado y líbranos del mal. SILENCIO DE PETICIÓN, CONFIANZA, AMOR.

Del santo evangelio según san Marcos (10,46-52):

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

GUÍA: Jesús, hijo de David, ten compasión de mí. Nos ponemos ante Jesús con esta frase, con esta petición. El Maestro nos pregunta qué queremos. Se lo decimos y él añade: Anda tu fe te ha curado. Hagamos nuestra la escena y recibamos esa curación que se nos ofrece por la fe. Dejemos que nuestro espíritu se sienta tocado por las palabras. Glorifiquemos a Dios que hace obras grandes a favor nuestro SILENCIO DE FE, CONFIANZA, ALEGRÍA.

HACEMOS SÍNTESIS DE NUESTRA ORACIÓN: UNA FRASE PARA REPETIR

ADORAMOS, AGRADECEMOS, PEDIMOS PERDÓN, OTRAS PETICIONES

INVOCAMOS A MARÍA QUE NOS ACOMPAÑE EN EL CAMINO.

ORAMOS AL PADRE CON JESÚS: PADRE NUESTRO…

CANTAMOS  SALMO 125
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,/nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,/la lengua de cantares. R/.

Hasta los gentiles decían:/ «El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,/y estamos alegres. R/.

Que el Señor cambie nuestra suerte,/como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas/cosechan entre cantares. R/.

Al ir, iba llorando,/llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,/trayendo sus gavillas. R/.