ORACIÓN 20-09-15
GUÍA: Hacemos silencio interior. Saludamos
al Señor que está dentro de nosotros y nos impulsa a la oración. Observamos
nuestros sentimientos. Ponemos nuestra vida ante Dios y dejamos que la
purifique con su mirada. ¿Cómo te encuentras después de esta semana vivida en
la actividad?. La mirada de Dios nos hace conocer mejor nuestros sentimientos,
deseos, situaciones. Repasando algunas circunstancias comprendemos el momento,
a las personas, las necesidades. El Espíritu de Dios nos acoge, nos ilumina y
fortalece para seguir sus inspiraciones. Dejamos tiempo en silencio para
reconocerle.
Del libro de la Sabiduría (2,12.17-20):
Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»
GUÍA: Acechar al justo. Hay veces que sucede. Hay justos perseguidos. Nuestro
mundo sufre de persecución en ocasiones. Dejemos que la paz de Dios habite en
nuestros corazones. Que se ocupe de nuestra vida si nos vemos perseguidos.
Confiemos en su palabra de fidelidad a los oprimidos. Procuremos no perseguir.
Dios es quien juzga las acciones. No estar al acecho para ver la paja en el ojo
ajeno. Vivir con la libertad de los hijos de Dios. Pedimos perdón si nos
sentimos perseguidores. Silencio de
confianza, examen y perdón.
De la carta del apóstol Santiago (3,16–4,3):
Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.
GUÍA: El apóstol Santiago nos hace un buen examen. Dejemos que su palabra
nos ilumine y haga reconocer nuestras actitudes. Contrapone las envidias y
rivalidades con la sabiduría. Ésta es pura, comprensiva, amante de la paz. Está
la lucha del hombre viejo y el hombre resucitado, el hombre nuevo. ¿Cómo nos
vemos reflejados en el texto? ¿A cuál de las parte pertenecemos? Que la
sabiduría de Dios nos lleve a vivir según ella quiere. Silencio meditativo y reverente.
Del Evangelio según san Marcos (9,30-37):
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»
GUÍA: Jesús va de camino, enseña a sus discípulos. Pero no entendían.
También nos pasa a nosotros, a veces.
Oímos la Palabra pero luego discutimos de ser importantes. ¿Es así?. Dejemos
que Jesús nos convierta el corazón y que podamos ser sencillos para buscar la
fraternidad y la unidad. Acogiendo a los
pequeños acogemos al mismo Jesús. Habrá que hacer ejercicio en este programa. Silencio de acogida, encuentro, petición.
La frase que queremos recordar es…
Presentamos nuestras peticiones al Padre
Nos unimos a la oración de Jesús y de toda la
Iglesia:
Padre nuestro.
Pedimos a María, la Madre de Jesús, que nos
acompañe en la vida.
ESTRELLA Y CAMINO
(Espinosa)
(Espinosa)
CORO
Estrella y camino,
prodigio de amor.
De tu mano, Madre, hallamos Dios.
De tu mano, Madre, hallamos Dios.
Todos los siglos están
mirando hacia Tí,
todos escuchan tu voz temblando en un sí.
Cielos y tierra se dan en tu corazón,
como un abrazo de paz, ternura y perdón.
todos escuchan tu voz temblando en un sí.
Cielos y tierra se dan en tu corazón,
como un abrazo de paz, ternura y perdón.
CORO
Tú nos lo diste en
Belén, en pobre portal,
en tu regazo lo ven el rey y el zagal.
Tú nos lo diste en la cruz, altar de dolor,
muerto en tus brazos está un Dios Redentor.
en tu regazo lo ven el rey y el zagal.
Tú nos lo diste en la cruz, altar de dolor,
muerto en tus brazos está un Dios Redentor.
CORO
Toda la Iglesia con fe
eleva un clamor,
puestos los ojos en Tí, la Madre de Dios.
Puente y sendero de amor, sublime misión,
la de traernos a Dios en tu corazón.
puestos los ojos en Tí, la Madre de Dios.
Puente y sendero de amor, sublime misión,
la de traernos a Dios en tu corazón.
CORO
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