viernes, 8 de abril de 2022

NO ME ECHÉ ATRÁS

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NO ME ECHÉ ATRÁS

GUÍA DE ORACIÓN, 10 de abril de 2022 Domingo de Pasión - Ciclo C

GUÍA: Llega la hora de Jesús. Nos descubre sus sentimientos. Su alma está dispuesta a aceptar esa hora. Vamos a acompañar a Jesús en la celebración y avivamos la fe para acercarnos a su  experiencia de dolor y muerte. Abrimos la mente y el corazón para acoger la Palabra de Dios, reconocer el momento de la entrega, acogerle en sus pasos. SILENCIO DE CONTEMPLACIÓN, DE COMPAÑÍA, DE ENCUENTRO.

Lectura del libro de Isaías (50,4-17):

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

GUÍA: No me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban. Nuestra oración es compañía, adoración, perdón. Compañía que se hace amor, silencio y presencia. Haz que comprendamos tus momentos de pasión, que el ambiente hostil sea transformado para ti y para tantas personas que viven la experiencia de dolor y abandono. SILENCIO DE CERCANÍA, DE CONSCIENCIA, DE PRESENCIA.

Sal 21,2a.8-9.17-18a.19-20.23-24

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,

hacen visajes, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre si tanto lo quiere». R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

GUÍA: Estamos ante ti, Jesús. Enséñanos a caminar a tu lado, a aprender tus lecciones de humildad, de solidaridad con toda la humanidad. Haz que te reconozcamos como Dios y Señor. Desde una muerte de cruz, el Padre te recibe como Hijo y defensor de tus hermanos. Contigo vamos descubriendo el perdón del Padre y el amor entre nosotros. SILENCIO DE CONTEMPLACIÓN,  DE IDENTIFICACIÓN, DE UNIÓN.

Evangelio según  san Lucas (22,14–23,56):

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos

al César, y diciendo que él es el Mesías rey».

C. Pilatos le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. El le responde:

+ «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.

Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.

C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,

que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.

Pilato entregó a Jesús a su voluntad

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.

Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: "Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes: "Caed sobre nosotros", y a las colinas: "Cubridnos"; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le dijo:

+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo».

GUÍA: Jesús, estamos aquí. Hemos subido contigo al Calvario. Los hechos se suceden y tú estás en la cruz. Todos te miran, y tú haces la ofrenda: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.  Gracias por tu sacrificio, por tu dolor y muerte. Limpia nuestro pecado y llénanos de tu paz.  SILENCIO DE CONTEMPLACIÓN, DE ACOGIDA, DE RESPUESTA.

 ¿QUÉ NOS ATRAE  EN LA ORACIÓN? BUSCAMOS UNA FRASE.

BUSCAMOS PAZ, CONCORDIA, PERDÓN.

DE MARÍA APRENDEMOS A GUARDARLO EN EL CORAZÓN.

INVOCAMOS AL PADRE SINTIÉNDONOS HIJOS: PADRE NUESTRO…

CANTAMOS:

Hacia ti morada santa/ Hacia ti tierra de salvación/Peregrinos, caminantes/ Vamos hacia ti

-Venimos a tu mesa/ Sellaremos tu pacto/Comeremos tu carne/Tu sangre nos limpiará

-Reinaremos contigo/ En tu morada santa/Beberemos tu sangre/ Tú fe nos salvará

´-Somos tu pueblo santo, que hoy camina unido/Tú vas entre nosotros, tú amor nos guiará.

Tú eres el camino, tú eres la esperanza/Hermano de los pobres, amén, aleluya 

https://www.youtube.com/watch?v=pabhzjWsq7A

5 comentarios:

  1. "No me eché atrás" Ya en Isaías oímos estas palabras. Jesús está llegando a su hora y también las dice. Le acompañamos con nuestra oración y solidaridad. Caminamos con él. Buena Semana Santa.

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  2. "Peregrinos, caminantes/ Vamos hacia ti" Caminantes, contigo, Jesús. Enséñanos a vivir cada día con el amor de tu Espíritu.

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  3. "Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos". Como discípulos, abrimos el oído y escuchamos al Señor que viene, lo reconocemos y obedecemos.

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  4. "Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre"; Fue exaltado en la cruz y en la resurrección. Unidos a él construimos un mundo para todos. Buen día.

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  5. "El Señor me ayuda... sabiendo que no quedaría defraudado". Jesús confía en el Padre, en su Pasión se fía de él. Adoramos y confiamos.

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