viernes, 11 de septiembre de 2026

CESA EN TU ENOJO

 

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CESA EN TU ENOJO

GUÍA DE ORACIÓN 13-09-26, XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

 

GUÍA: Nos preparamos para empezar la oración. Silenciamos el corazón y los sentimientos. Nos colocamos en un lugar sosegado para contemplar al Señor, contemplar la naturaleza y conocernos un poco más a nosotros mismos. Cesa en tu enojo, dice el Señor. Lo reconocemos y pedimos perdón. SILENCIO DE CONOCIMIENTO, DE PERDÓN Y DE CONFIANZA.

 

Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

 

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

 

GUÍA: El Eclesiástico nos presenta las sensaciones del corazón enojado. El Señor quiere la paz en su presencia. Nos invita a cumplir sus mandamientos. Padre, danos paz para conocerte mejor, para sentir tu presencia, para perdonar al hermano y ser perdonado por él. SILENCIO DE GRACIA, DE GRATITUD, DE PERDÓN.

 

SALMO

Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12

 

R/. El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia

 

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R/.

 

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R/.

 

No está siempre acusando

ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R/.

 

Como se levanta el cielo sobre la tierra,

se levanta su bondad sobre sus fieles;

como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):

 

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

 

GUÍA: Vivimos para el Señor. No vivimos para nosotros mismos. Cristo es salvador de todos y nos conduce a la salvación. Es Señor de vivo y de muertos. Invocamos tu nombre Jesús. Somos alcanzados por tu misericordia y queremos aprender a ser misericordiosos como tú. Lo decimos en el corazón y en la realidad. SILENCIO DE ENCUENTRO, DE ADMIRACIÓN, DE MISERICORDIA VIVIDA Y COMPARTIDA.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

 

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

 

GUÍA: Estamos viendo el camino de conversión a la misericordia. El evangelio nos presenta al siervo que es perdonado pero que no logra perdonar. El Señor insiste en el perdón. En el Padre nuestro decimos: Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos. Nos unimos al gesto del perdón recibido y dado. SILENCIO DE VERDAD, DE RECONOCIMIENTO, DE COMPARTIR.

 

RECOGEMOS LOS PENSAMIENTOS, LOS SENTIMIENTOS VIVIDOS. LOS OFRECEMOS AL ESPÍRITU PARA QUE LOS HAGA REALIDAD.

 

INVOCAMOS A MARÍA Y LA ACOMPAÑAMOS EN SU CAMINO. HABLAMOS CON ELLA.

 

NOS DIRIGIMOS AL PADRE AGRADECIENDO EL REGALO DE SU HIJO Y CON ÉL DECIMOS PAUSADAMENTE: PADRE NUESTRO…

CANTAMOS:

Canto a la libertad.

6 comentarios:

  1. "Cesa en tu enojo" Una oración para el perdón mutuo. Descubrimos momentos de ofensas, damos el perdón y lo recibimos, en el camino de la libertad. Hacemos ejercicio. Saludos.

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  2. "Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;" Nos lo recuerda el salmo. Si estás triste o desanimado, confía en que Dios está contigo también en las dificultades. Vendrá la alegría. Sed valientes los que confiáis en el Señor.

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  3. "Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error." Cuatro cosas importantes para mantener las buenas relaciones con Dios, con el prójimo, con nosotros mismos. Si estamos en paz con nosotros nos es más fácil estar con los demás y con Dios; y viceversa. ¿Estás de acuerdo?

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  4. S 102 "Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios" En silencio reconocemos la bondad de Dios para nosotros y para la humanidad. Agradecemos y compartimos con algún amigo. Oremos.

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  5. "Padre, danos paz para conocerte mejor, para sentir tu presencia, para perdonar al hermano y ser perdonado por él." Amen. Lo queremos y ponemos un crazón dócil para recibir el don y la gracia de realizarlo. Oremos.

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  6. Ecco. 23, 34)" No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?" Se dice en el Eclesiastico. ¿Qué contestamos? Nos recuerda algo importante y aquello de no hagas al otro lo que no quieres para ti. Visualizamos y oramos.

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