REZA Y
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TEMA,
100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES, 2
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Uno en Cristo, unidos en la misión
Continuamos conociendo el mensaje del
Papa León XIV. No dejes de leer la primera parte para ponerte en el contexto.
Subrayamos algunas frases con las que puedes fijarte en algunos detalles
interesantes. Síguelo y descubre lo que quiere decir el Papa para esta Jornada
Mundial de las Misiones.
…
Por último
—pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el
Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida
personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que
podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20).
Esto será posible
en la escucha
constante de su Palabra y en la gracia de los sacramentos, para ser piedras vivas de
la Iglesia, llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano
II y del posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco.
De hecho, como afirma san Pablo, «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como
Señor» (2 Co 4,5). Reitero, por tanto, las palabras de san Pablo VI: «No hay
evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las
promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhort.
ap. Evangelii nuntiandi, 22). Este proceso de auténtica evangelización
comienza en el corazón de cada cristiano para extenderse a toda la humanidad.
En esta
perspectiva, vale la pena recordar el lema del beato Paolo Manna: “Toda la Iglesia
para la conversión de todo el mundo”. Este expresa sintéticamente el ideal que
animó la fundación, en 1916, de la Pontificia Unión Misional. A ella, en su
110.º aniversario, le expreso mi reconocimiento y mi bendición por su compromiso de
animar y formar el espíritu misionero de los sacerdotes, las personas
consagradas y los fieles laicos, favoreciendo la unión de todas las fuerzas
evangelizadoras. De hecho, ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión;
todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo
confía a su Iglesia. Como ha recordado en varias ocasiones el Papa
Francisco, el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria,
sinodal.
Por eso, estar unidos en la
misión significa custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y
colaboración misionera. Al crecer cada día en esta actitud, aprendemos
con la
gracia divina a mirar cada vez más a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a
reconocer con alegría el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a
acoger la diversidad como riqueza, a llevar las cargas los unos de los otros y
a buscar
siempre la unidad que viene de lo Alto. De hecho, todos tenemos juntos una
sola misión recibida de «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo
[...] un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y
está en todos» (Ef 4,5-6). Esta espiritualidad constituye la forma cotidiana
del discipulado misionero. Nos ayuda a recuperar una visión universal
de la misión
evangelizadora de la Iglesia, superando la fragmentación de los
esfuerzos y las divisiones facciosas —“de Pablo”, “de Apolo”— entre los
seguidores del único Señor (cf. 1 Co 1,10-12).
ACCIÓN:
El Papa intensifica en la unidad con
Cristo, comunión con él y entre nosotros, anuncio de Jesucristo, para que el
mundo crea que tú me has enviado, misión evangelizadora de la Iglesia.
La reflexión, oración, y acción nos
sirven para ponernos en marcha cada día como miembros activos de la Iglesia y
de la sociedad.













