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jueves, 24 de septiembre de 2026

TEMA: DIA DE LA CREACIÓN, 3

 

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TEMA: DIA DE LA CREACIÓN, 3

 

 

Hoy otro fragmento del documento para el Día de la Creación.

Esperamos que siga gustándoos. Tiene mucho mensaje para reflexionar y asimilar.

¿ Vais sacando conclusiones y determinaciones?

 

 

MENSAJE DE SU SANTIDAD PAPA LEÓN XIV

PARA LA XI JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN 2026    [1 de septiembre de 2026]

«Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4)

…

El Papa Benedicto XVI nos recordó que «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores» (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros. Para construir una sociedad pacífica, debemos entonces no sólo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana.

El adagio profético «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4) no es entonces sólo una visión que atañe a las naciones, sino una llamada a cada persona. Nos invita a transformar la herida en vida. Sin embargo, esta transformación no puede ser llevada a cabo por medio de un simple cambio externo, sino que requiere, a través de nuestra cooperación con la gracia de Dios, de una conversión personal y colectiva más profunda —un regreso a Dios, que reordene nuestros deseos, sane nuestras heridas y nos ayude a crecer en la virtud—.

Con la ausencia de esta transformación interior, la paz permanecerá frágil y será efímera. Pero donde los corazones se renuevan, comienzan a abrirse nuevas posibilidades. Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea (cf. Francisco, Laudato si’, 217). La paz entonces comienza en nuestro corazón y se proyecta hacia nuestras relaciones, nuestras comunidades y al mundo en su conjunto.

A pesar de que los desafíos que tenemos por delante son enormes, Dios no nos deja sin los medios para sanar y transformar. En vez de las armas bélicas, el Dios de la paz nos colma de fuerza para sanar, para reconciliar y construir una civilización del amor. En este sentido, estamos llamados al cuidado de los múltiples “ecosistemas” que nos han sido confiados: los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano.  

Imaginémonos un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida. Un panorama así refleja la fe en la venida del Reino de Dios.

 

 

ACCIÓN:

Una reflexión muy realista y esperanzada. ¿Estás de acuerdo con lo que dice el Papa?

Háblalo con tus amigos o en algún grupo de reflexión. Haz algún gesto de participación. Buen trabajo.

 

martes, 8 de septiembre de 2026

TEMA: DIA DE LA CREACIÓN, 2

 

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TEMA: DIA DE LA CREACIÓN, 2

 

Aquí tenéis un segundo fragmento del mensaje del Papa.

Es interesante.

 

MENSAJE DE SU SANTIDAD PAPA LEÓN XIV

PARA LA XI JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN 2026    [1 de septiembre de 2026]

«Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4)


…

 

Sin embargo, esta promesa de paz contrasta notablemente con las realidades que vemos en muchas partes del mundo. El profeta Isaías habló de una época en la que las naciones «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4), transformando lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Pero hoy, frecuentemente somos testigos de lo contrario, mientras los esfuerzos se siguen centrando en la violencia y la guerra.

La guerra deja heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla. Cobra vidas, desintegra a las familias y fuerza a millones de personas a abandonar sus hogares, aumentando el miedo, la injusticia y la división (cf. Gaudium et spes, 77-82). La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. Más aún, la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.

Aparte de esto, la guerra crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida, dañando no sólo a individuos y comunidades, sino a su amplia red de relaciones con la entera familia humana, así como su armonía con la creación. Esto pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos ha confiado. No es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. La guerra, arraigada en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye un antitestimonio del Evangelio de la paz.

Las crisis mencionadas anteriormente no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la creación.


  De hecho, las discordias que presenciamos en el mundo, como la violencia, la injusticia y el daño ecológico, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el “síntoma de una profunda dicotomía arraigada en la misma humanidad” (Gaudium et spes, 10). En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. No es sólo la sede de las emociones, sino el centro de la persona —donde convergen la razón, los deseos, la voluntad, y la conciencia—. Es aquí donde luchamos con nuestros deseos contradictorios entre el amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la injusticia (St 1,14-15). Los daños de la guerra y el deterioro de la tierra están entonces profundamente vinculados con la condición del corazón humano. Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión exterior de la discordia y división interiores. Cuando el corazón está distorsionado, las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden.

 

ACCIÓN:

Reflexionamos, vemos las consecuencias de  la guerra.

¿Y nuestras guerras?

 

martes, 1 de abril de 2025

TEMA : MENSAJE CUARESMA 2025, Papa Francisco 3

 

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TEMA : MENSAJE CUARESMA 2025, Papa Francisco 3

 

 

El mensaje del Papa nos ayuda a reflexionar, orar y compartir. Lee y comenta alguna frase con otras personas. Te ayudará a profundizar en ello.

 

 

Mensaje del Papa Francisco

…

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

 

     FRANCISCO

 

 

ACCIÓN:

Fíjate en lo que dice, ¿Cómo se ve esto en nuestro mundo?, ¿Cómo lo ves tú?

Dialogamos y compartimos con otros.

 

martes, 11 de marzo de 2025

TEMA: MENSAJE CUARESMA 2025

 

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TEMA: MENSAJE CUARESMA 2025, Papa Francisco, 1

 

 

Estamos en cuaresma y  el Papa Francisco presente el mensaje para unirnos con toda la Iglesia.  Caminemos y colaboremos en la unión y la esperanza.

 

Mensaje del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:



Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

 


ACCIÓN.

 Leemos el fragmento del mensaje y dejamos que pase al corazón, que nos libere y hagamos punto de cercanía para vivir en la esperanza.

 

 

martes, 21 de enero de 2025

LA ESPERANZA NO DEFRAUDA

 

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LA ESPERANZA NO DEFRAUDA

 

Bula del Papa Francisco para el Jubileo 2025

 

A lo largo del Año Jubilar 2025 vamos a tener ocasión de reflexionar sobre lo que dice el Papa Francisco: no engaña. La esperanza no defrauda. Con el corazón y la mente abiertos a la gracia aprovechemos lo que nos dice.

 

3. La esperanza efectivamente nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz: «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida» (Rm 5,10). Y su vida se manifiesta en nuestra vida de fe, que empieza con el Bautismo; se desarrolla en la docilidad a la gracia de Dios y, por tanto, está animada por la esperanza, que se renueva siempre y se hace inquebrantable por la acción del Espíritu Santo.

En efecto, el Espíritu Santo, con su presencia perenne en el camino de la Iglesia, es quien irradia en los creyentes la luz de la esperanza. Él la mantiene encendida como una llama que nunca se apaga, para dar apoyo y vigor a nuestra vida. La esperanza cristiana, de hecho, no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino: «¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? [...] Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» ( Rm 8,35.37-39). He aquí porqué esta esperanza no cede ante las dificultades: porque se fundamenta en la fe y se nutre de la caridad, y de este modo hace posible que sigamos adelante en la vida. San Agustín escribe al respecto:«Nadie, en efecto, vive en cualquier género de vida sin estas tres disposiciones del alma: las de creer, esperar, amar». [1]

 

 

ACCIÓN:

Reflexión, oración, acción nos ayudan a poner en práctica algo de lo que dice y nos interesa. Coméntalo con un amigo.

 

martes, 30 de abril de 2024

TEMA Mensaje de Pascua 2024, 2

 

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TEMA Mensaje de Pascua 2024, 2

 

 

Tomamos de nuevo, el Mensaje de Pascua, del Papa Francisco para recoger sus aclaraciones. Recorre las situaciones mundiales y nos pone alerta para mejorar los caminos de la paz y de la vida. Leamos.

 

…PAPA FRANCISCO

 

A continuación el Papa menciona a tantos países que sufre la Guerra u otros conflictos e importantes necesidades:

La ciudad de Jerusalén, Israel y Palestina; Ucrania y Rusia; Siria, Líbano. Balcanes occidentales, Armenia y Azerbayán. Haití. Rohinyá, Myanmar. Sudán, Sahel en el cuerno de África y Kivu en el Congo; en Cabo Delgado en Mozambique.

Implora la luz del Resucitado sobre los migrantes y por las victimas de cualquier forma de terrorismo

En este día en que celebramos la vida que se nos da en la resurrección del Hijo, recordamos el amor infinito de Dios por cada uno de nosotros, un amor que supera todo límite y toda debilidad. Y, sin embargo, con cuánta frecuencia se desprecia el don precioso de la vida. ¿Cuántos niños ni siquiera pueden ver la luz? ¿Cuántos mueren de hambre o carecen de cuidados esenciales o son víctimas de abusos y violencia? ¿Cuántas vidas se compran y se venden por el creciente comercio de seres humanos?

Hermanos y hermanas, en el día en que Cristo nos ha liberado de la esclavitud de la muerte, exhorto a cuantos tienen responsabilidades políticas para que no escatimen esfuerzos en combatir el flagelo de la trata de seres humanos, trabajando incansablemente para desmantelar sus redes de explotación y conducir a la libertad a quienes son sus víctimas. Que el Señor consuele a sus familias, sobre todo a las que esperan ansiosamente noticias de sus seres queridos, asegurándoles conforto y esperanza.

Que la luz de la resurrección ilumine nuestras mentes y convierta nuestros corazones, haciéndonos conscientes del valor de toda vida humana, que debe ser acogida, protegida y amada.

¡Feliz Pascua a todos!

 

 

ACCIÓN:

El Papa nos exhorta a abrir la mente y los corazones a la tarea de la resurrección que Jesús nos trae. Reflexionamos, oramos y actuamos.

 

martes, 23 de abril de 2024

TEMA Mensaje de Pascua 2024

 

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TEMA Mensaje de Pascua 2024, 1


El Papa Francisco nos presenta  el mensaje de Pascua de Resurrección. Vamos a releerlo con respeto y agradecimiento. Desde aquí nos unimos a su reflexión y mensaje.                                                                                                         

                                                                                                                                                                                     Un año más resuena   en todo el mundo el anuncio

   que salió hace dos mil años desde Jerusalén:

JESÚS NAZARENO, EL CRUCIFICADO, HA RESUCITADO

 

Con estas palabras comienza el mensaje pascual del Papa Francisco del que cojo algunos párrafos.

 La Iglesia revive el asombro de las mujeres que fueron al sepulcro al amanecer del primer día de la semana. La tumba de Jesús había sido cerrada con una gran piedra; y así también hoy hay rocas pesadas, demasiado pesadas, que cierran las esperanzas de la humanidad: la roca de la guerra, la roca de las crisis humanitarias, la roca de las violaciones de los derechos humanos, la roca del tráfico de personas, y otras más. También nosotros, como las mujeres discípulas de Jesús, nos preguntamos unos a otros: “¿Quién nos correrá estas piedras?” (cf. Mc 16,3).

Y he aquí el gran descubrimiento de la mañana de Pascua: la piedra, aquella piedra tan grande, ya había sido corrida. El asombro de las mujeres es nuestro asombro. La tumba de Jesús está abierta y vacía. A partir de ahí comienza todo. A través de ese sepulcro vacío pasa el camino nuevo, aquel que ninguno de nosotros sino sólo Dios pudo abrir: el camino de la vida en medio de la muerte, el camino de la paz en medio de la guerra, el camino de la reconciliación en medio del odio, el camino de la fraternidad en medio de la enemistad.

Hermanos y hermanas, Jesucristo ha resucitado, y sólo Él es capaz de quitar las piedras que cierran el camino hacia la vida. Más aún, Él mismo, el Viviente, es el Camino; el Camino de la vida, de la paz, de la reconciliación, de la fraternidad. Él nos abre un pasaje que humanamente es imposible, porque sólo Él quita el pecado del mundo y perdona nuestros pecados. Y sin el perdón de Dios esa piedra no puede ser removida. Sin el perdón de los pecados no es posible salir de las cerrazones, de los prejuicios, de las sospechas recíprocas o de las presunciones que siempre absuelven a uno mismo y acusan a los demás. Sólo Cristo resucitado, dándonos el perdón de los pecados, nos abre el camino a un mundo renovado.

Sólo Él nos abre las puertas de la vida, esas puertas que cerramos continuamente con las guerras que proliferan en el mundo...

 

ACCIÓN:

Tiempo de gracia, de perdón, de resurrección. Lo interiorizamos y hacemos nuestro. Ayudemos a que la piedra se corra y el resucitado viva en cada persona.

 

martes, 19 de marzo de 2024

TEMA: MENSAJE CUARESMA 24, 3

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TEMA : MENSAJE CUARESMA 24, 3

 

Estamos terminando la Cuaresma. Llega la Semana Santa, la Pascua. Nos unimos a Jesús que camina hacia su hora y su muerte, resurrección. Nos arrastra con él y queremos vivir con él. Reflexionemos cambiemos los caminos extraviados.

 

 

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (Mt 6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.[1]

Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.

FRANCISCO

 

ACCIÓN:

Acojamos la palabra del Papa y colaboremos en este camino sinodal de la cuaresma. Con Jesús, podemos caminar en una vida nueva y resucitada.




miércoles, 21 de febrero de 2024

TEMA: MENSAJE CUARESMA 24, 2

 

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TEMA: MENSAJE CUARESMA 24, 2

 

 

Esta es la segunda parte del mensaje de Cuaresma 24. Lee con atención. Valora lo que dice el Papa y asimila, cambia el corazón.

 

 

En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.

Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.

Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.

Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.

 

ACCIÓN:

Es tiempo de reflexión, de cambio. Vamos al desierto y encontremos caminos para llegar a la libertad, a la fraternidad, a ser hijos verdaderos.